Érase una vez, un niño que reía de emoción por haber dado su primer beso. Una pequeña mujercita que sentía exactamente lo mismo.
Érase una vez, un mundo en el que las flores mostraban sus pétalos cuando el sol de la mañana se asomaba en el horizonte, mostrando esos colores tan característicos que las formaban.
Érase una vez, un niño que se hizo mayor y se dio cuenta de que el beso de otro chico podía ponerle los pelos de punta al igual que le ocurrió por primera vez aquel día en que sus labios inocentes rozaron los de su joven amiga y donde las flores aún sonreían.
Érase una vez, un malvado demonio. ¿Sabéis lo que es? Algo muy, pero que muy malo. Que te puede destrozar la vida. Yo lo llamo humanidad. Humanidad que detesta ver que dos personas con las mismas características se amen.
Érase una vez, un bosque en llamas. En llamas porque el mundo no merece ver la naturaleza tal y como es. No la merecen ver porque no han sabido apreciar lo bonito de vivir. Lo bonito de ser diferente y amar sin importar el qué dirán.
Érase una vez, el mismo bosque arrasado y sin luz. Completamente gris. Ya no solo está el bosque perdido. Todos están perdidos. El sol no quiere salir por no ver lo que está ocurriendo. Muchos chocan, muchos mueren. Pero el chico va con cuidado. Sabe que puede cambiar las cosas.
Al día siguiente, mientras se encuentra sentado a un lado de la carretera, avista una luz que brilla a lo lejos. ¿Es un coche? ¿Estaría muriendo? No. Nada de eso. Se trata de aquel chico al que besó un tiempo atrás. Ese al que tuvo que dejar apartado por miedo a que el demonio le hiciera daño a él o a esa persona tan especial que cada vez se acerca más y más. Brilla, vamos que si brilla.
No puede ver otra cosa que no sea él, porque claro, el sol aún continúa triste. Se levanta de un respingo y va corriendo hacia él. Se abrazan fuertemente. Lloran. Se besan. Y otra vez. Y una vez más. Entonces, el chico oscuro vuelve a ver la luz a su alrededor. El otro ha conseguido darle color a la vida de este con el roce de sus labios. Porque estar con quien quieres es algo mágico que puede con todo.
Ahí es cuando el chico oscuro, ahora lleno de luz, se da cuenta de que el mundo siempre había estado igual, pero el lo veía todo cada vez más negro porque el diablo se había dedicado a apagar su alma.
Las flores vuelven a florecer en su vida y los bosques crecen de nuevo, aunque siempre recordando las cicatrices del pasado.
Ahora este chico os pide una cosa: brillad y vivid. Nunca sabéis cuando puede venir el diablo o si lo conseguiréis vencer. Brillad ahora y espantadlo mientras podáis. Como dice el refrán, mala hierba nunca muere. Solo nosotros podemos cortarla de raíz.

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